Si hace las cosas de corazón, nada le abrumará.


La buena voluntad del corazón trae consigo acciones favorables que generan satisfacción por el bien servido de quien las realiza y felicidad en quien las recibe, dignas de ser admiradas y por consiguiente recompensadas por su acción benéfica.

Hay ciertas actividades que debe realizar pero que tal vez no son de su agrado. De pronto labores de trabajo, por un empleo que tiene por necesidad y no porque le guste, o cosas que son ordenadas por superiores y que deben ser acatadas por obediencia. Usted en su desagrado, las ejecuta mecánicamente o casi que por defecto. Cuando su proceder cae en lo maquinal, el sentido humano se pierde. Esto sucede porque su sentir no se identifica con su actuar impuesto y resulta haciendo cosas olvidando el significado de hacerlas.

Un ejemplo claro de este caso, son los trabajos que tienen como objeto el servicio. La rutina del ejercicio interfiere en el sentido de servir y usted olvida por completo la ayuda que le está generando a otros. Aunque puede ser bastante tedioso y exhaustivo tolerar el comportamiento variante de las personas, no puede suprimir la ayuda como base de su trabajo.

Quizá debió  atender a un cliente que tuvo un mal día y usted aunque pudo brindarle la solución que necesitaba, no lo hizo por la actitud con la que se dirigió, simplemente le dio las instrucciones a medias o lo direccionó a otra área para que fuese atendido por otro asesor. Se ha preguntado  ¿cuánto necesitaba esa persona de su ayuda?, o ¿si su actitud es producto de la frustración que le genera el problema?, ¿sabe usted que hay detrás del problema?, ¿acaso conoce lo que ha tenido que pasar esa persona durante su día?, ¿ha pensado que tal vez usted es la única esperanza para la solución a sus dificultades?, ¿sabe usted el daño mental, físico y emocional que produce no solucionar un problema?, probablemente no. Usted en este caso, actúo mecánicamente, sin sentido humano, no le importó nada de lo anterior mencionado, solo quería salir de esa persona; su actuar no estuvo impulsado por la bondad de su corazón, sino por la rabia.

Cuando usted hace las cosas de corazón, reproduce inmediatamente bendiciones para su vida,  la consecuencia es positiva para los dos involucrados, genera una carga energética que suma y se vuelve poderosa. El bien incita a hacer el bien, y de esa forma se vuelve una cadena productiva. Hay cosas que puede pasar por alto en el transcurrir de su vida, pero lo que no puede, es perder el sentido humano con el que ha sido llamado a servir a otros. La obra más importante es trabajar sobre usted mismo, construir su ser con el fin de dar a los demás lo mejor que hay en él, transmitir el fruto de lo que emana su corazón, ser esa pieza en el mundo recordada por aportar siempre y retribuir en la vida de los que cruzan por su camino.

Que el pilar de su vida sea dejar una huella imborrable en cada persona que le conoce, que nadie pase sin haberse ido más feliz.


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